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TERRORISMO CIBERNÉTICO

JAMES ADAMS

artículo tomado de: www.3puntos.com

Antes del ataque a las Gemelas, el periodista James Adams realizó un atrapante estudio al que tituló La próxima guerra mundial: las computadoras son las armas y el frente de batalla está en todas partes. El libro ya anticipaba la vulnerabilidad de Estados Unidos para enfrentar nuevas formas de terrorismo y se convierte ahora en una cruda descripción del presente. Aquí se reproducen algunos de sus fragmentos.

El atentado con bomba a las Torres Gemelas en 1993 fue extremadamente grave, aunque el balance de víctimas (seis muertos y mil heridos) y de destrucción no fue tan grave como pudo haber sido. Fue la demostración de que los terroristas extranjeros estaban preparados para lanzar ataques físicos en tierra americana. Los norteamericanos observaron con horror cuando el 20 de marzo de 1995 Aum Shinrikyo lanzó un ataque con gas sarín en el metro de Tokio y la policía japonesa descubrió pruebas de que los terroristas trataban de desarrollar armas biológicas con ántrax. En 1996, un informe del Senado advirtió que un ataque terrorista con ántrax, sarín o armas nucleares era casi inevitable. El presidente Clinton expresó un temor profundo ante la posibilidad de que internet sirva para potenciar las fuerzas del terrorismo. "¿La gente está aprendiendo(...) a través de internet cómo realizar en Estados Unidos un atentado similar al que se hizo en Japón con gas sarín? -se preguntó en una conferencia de prensa en Tokio en abril de 1996-. ¿No preocupa a nadie el hecho de que cualquier persona, en cualquier lugar del mundo, pueda hallar en internet información sobre la manera de armar una bomba como la que destruyó el edificio federal en Oklahoma City?" El secretario de Defensa, William Cohen, puso de manifiesto los temores del gobierno al advertir, en una conferencia sobre terrorismo en abril de 1997: "La hipótesis de que un arma nuclear, biológica o química puede caer en manos de una célula terrorista o un gobierno irresponsable no sólo es verosímil, es una realidad".

Lo más aterrador es que el ataque, cuando suceda, se habrá planificado, y posiblemente financiado, con ayuda de sistemas y ciudadanos norteamericanos, y posiblemente del mismo gobierno. El terrorismo siempre ha tratado de emplear las libertades de una sociedad como la norteamericana para subvertir y destruirla. Es algo que se suma a la satisfacción del acto, y uno de los desafíos permanentes de una sociedad libre es el de no restringir esas libertades frente a una amenaza terrorista.

Los terroristas árabes de hoy -a los que se suele llamar fundamentalistas islámicos aunque esto es una calumnia a la mayoría de los fieles decentes y devotos del Islam- utilizan todos los medios posibles para acrecentar su poder en Estados Unidos, hasta el punto de estafar al gobierno para conseguir cupones de alimentos como fuente de ingresos. Los grupos terroristas del Medio Oriente habrían obtenido cerca de 100 millones de dólares mediante las estafas al bienestar social. Otros grupos, como el PPK (Partido Obrero del Kurdistán), aprovechan el abuso de drogas por los norteamericanos como fuente de ingresos. Empresarios árabes en Estados Unidos que simpatizan con esos grupos son una fuente conocida de dinero: el empresario Mousa Abu Marzook, de Virginia, fue expulsado a Jordania cuando Israel lo acusó de enviar fondos a las células terroristas de Hamas.

Las universidades son bases ideales para los grupos de apoyo. Un centro de estudios en Tampa, Florida, llamado World and Islam Studies Enterprise (WISE), estaba afiliado a la Universidad del Sur de Florida y su director, Ramadan Shallah, era profesor en esa casa de estudios.

El 26 de octubre de 1995, un hombre parado en la puerta de su hotel en Malta fue asesinado por un joven que pasó en moto. La víctima era Fathi Shikaki, jefe del esquivo grupo terrorista Jihad Islámica Palestina ("jihad" significa "guerra santa"). Pocos días después, el respetado profesor Ramadan Shallah partió discretamente de Florida para ocupar el puesto de Shikaki en la Jihad Islámica. Todos en la universidad estaban atónitos, y las autoridades federales iniciaron una investigación. Confiscaron una enorme cantidad de documentos y discos de ordenador de la organización para averiguar si tenían vínculos con actividades terroristas. Se sospecha que la organización de Shallah es parte de una red de grupos afines que recaudan fondos para grupos terroristas cuyo objetivo confeso es hacer daño a Estados Unidos.

En mayo de 1997, la universidad declaró que las autoridades no habían encontrado nada ilegal, a pesar de los contactos frecuentes, aunque aparentemente inocentes, entre WISE y grupos del Medio Oriente vinculados con la Jihad Islámica. De más está decir que el incidente consternó a la institución, sobre todo cuando la gente empezó a llamarla "la Universidad Jihad". Pero el misterio persiste: ¿qué pasó con los millones de dólares que pasaron por WISE y varios comités y fundaciones islámicas? ¿Cómo es posible que Shallah trabajara discretamente en Florida sin dejar el menor indicio de que su organización era una fachada para la Jihad Islámica?

En 1994, la cadena de televisión PBS presentó un documental sobre WISE y organizaciones similares titulado "La Jihad en Estados Unidos", donde mostró que todas realizan sus actividades a la luz del día, realizan simposios y congresos como cualquier asociación empresaria o corporación norteamericana, pero sus conclusiones no se refieren a la necesidad de aumentar las ventas o reclamar alguna medida gubernamental. Se refieren, como indica el título del programa, a "la Jihad en Estados Unidos".

Una sociedad vulnerable

No cabe duda de que Estados Unidos es la nación más desarrollada de la Tierra en el área de la información. Desde la morada más humilde hasta los directorios de las empresas más grandes, las comunicaciones se realizan por medios electrónicos. La defensa de la nación es organizada y administrada por medio de ordenadores.

En 1991, un agricultor que trataba de enterrar una vaca muerta anuló cuatro de los treinta centros principales de control aéreo de la Administración Federal de Aviación durante horas. Al cavar un pozo profundo donde cupiera el animal, cortó un cable troncal de fibra óptica que enlazaba esos centros. Ahora, considérese lo que sucedería si un campesino egipcio de Alejandría también tratara de enterrar una vaca muerta o si un individuo con intenciones malignas cavara un pozo en el lugar exacto; porque en Alejandría se encuentra un nodo central del cable de fibra óptica FLAG (Fiber Link Around the Globe) de 35.000 kilómetros que cruza el Pacífico Sur, Asia, Medio Oriente y el Atlántico Norte para proporcionar información de banda ancha a cuatro continentes.

En una notable investigación sobre la vulnerabilidad de FLAG, dos periodistas de la revista Wired descubrieron que este y otros cuatro cables troncales pasarán por un antiguo edificio en ruinas a un paso de la Gran Biblioteca de Alejandría. Sin duda una bomba bien colocada podría provocar el caos en las comunicaciones globales.

La próxima amenaza

¿Dónde se producirá el ataque, si es que se produce? Los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York y el edificio federal de Oklahoma City no dejaron indicios sobre la nueva era de ciberterrorismo que asoma. Fueron ataques convencionales con medios convencionales. Los especialistas especulan que se dirigirán hacia la infraestructura; por ejemplo, la Rand Corporation realizó un ejercicio sobre "el día siguiente" a un posible atentado informático iraní a la infraestructura clave de Estados Unidos. Otros sugieren una hipótesis a la vez más sutil y más siniestra. Barry Collin, del Institute for Security and Intelligence, sostiene que el ciberterrorista está tan alejado de lo que se considera un hacker cibernético convencional como un especialista en bombas del IRA de un hooligan del fútbol inglés. Al comparar los medios que poseen los grupos extremistas conocidos con la vulnerabilidad de la infraestructura civil y empresaria norteamericana, ha elaborado una serie de hipótesis cuyos alcances son aterradores:

Un ciberterrorista penetrará desde lejos en el sistema de control de procesos de un fabricante de cereales, modificará los niveles de complemento de hierro e intoxicará a los niños que toman su desayuno. El ciberterrorista hará lo mismo en una planta de alimentos para bebés. La clave: el ciberterrorista no necesita penetrar en la planta para realizar esos actos.

Un ciberterrorista colocará bombas con mandos informáticos en diversas partes de la ciudad. Todas transmiten la misma clave digital y cada una recibe las claves de las demás. Si una bomba deja de transmitir, las demás explotan al unísono. Las claves: 1) el ciberterrorista no tiene necesidad de estar cerca de las bombas; 2) no necesita un camión grande; 3) puede plantar una gran cantidad de bombas en diversos puntos, alejados unos de otros; 4) es imposible predecir las claves cifradas e imitarlas por medio de transmisiones paralelas; 5) la cantidad de bombas es tal que no se las puede desarmar simultáneamente.

Un ciberterrorista atacará la próxima generación de sistemas de control de tráfico aéreo para provocar el choque de dos grandes aviones comerciales. La hipótesis es realista, ya que también tendrá acceso a los sensores de la cabina de mando. Se puede hacer algo similar con los ferrocarriles.

El ciberterrorista alterará desde lejos las fórmulas de los laboratorios medicinales. El potencial de matanza es incalculable.

"En efecto -dice Collin-, el ciberterrorista se asegurará de que la población de un país no pueda comer, beber, viajar ni vivir. Las personas encargadas de velar por la seguridad de la nación no estarán advertidas ni podrán anular al ciberterrorista, que probablemente se encontrará en el otro lado del mundo."

Ahora que el terror, el espionaje y el crimen penetran en el mundo etéreo del ciberespacio, un nuevo desafío mortal se presenta a una sociedad cada vez más dependiente. ¿Hasta qué punto podrá defenderse Estados Unidos?

Ser la potencia dominante en la era de la información es una espada de doble filo. El hecho de encabezar la revolución en tecnología informática crea una vulnerabilidad concomitante. Es el precio que se paga por ser el rey de la cuadra.


BUSH EN EL CAPITOLIO

por Mauricio Lebedinsky. Analista

Bush habló para los legisladores y el pueblo norteamericano y su voz repercutió en todo el mundo. Fue un discurso que brotó del orgullo de la potencia americana y de su capacidad de respuesta aleccionadora. No solicitó al Capitolio la declaración de guerra al terrorismo pero sí lanzó su guerra anunciando que llevaría tiempo. Algunos calculan que esta guerra durará diez años. Sin duda necesita tiempo si lo que quiere es golpear los santuarios terroristas, que no son pocos y están a miles de kilómetros de distancia.

Sus palabras sirvieron de despedida a los soldados. La alocución fue seguida con preocupación creciente por el medio islámico, los aliados europeos y los países de todos los continentes. También por todos aquellos que consideran que cuando hay un incendio conviene circunscribir el fuego y no arrojarle combustible en proporciones desorbitadas.

Manuel Castells, por ejemplo, piensa que en esa batalla de los países centrales de Occidente contra el terrorismo se persiguen -por lo menos en teoría- tres objetivos: desarticular la red terrorista en sus nudos financieros, de abastecimientos y territoriales; impedir luego que esas redes se reestablezcan; y, por último, crear nuevas conexiones a partir de hechos favorables en lo económico, social, cultural e institucional para asegurar la paz permanente.

No sabemos si la guerra que inició Bush contempla los dos últimos puntos. Pero no sería arriesgado sospechar que se queda sólo en la primera fase, la de la destrucción. A Bush le falta plantear la reconstrucción de un mundo después de la limpieza. Herido como está, no comprende que la paz debe estar fundada en la justicia, en la verdad y que se necesita una respuesta global, dentro del marco de las Naciones Unidas, para resolver el conflicto.


QUIÉN ES JAMES ADAMS

Fue gerente de United Press International (UPI). Actualmente dirige iDefense, una compañía cuyo objetivo es "defender la infraestructura de posibles amenazas cibernéticas"

El presidente Clinton se basó en su trabajo para determinar que la amenaza ciberterrorista era una posibilidad y en el 2000 solicitó un presupuesto de 2.800 millones de dólares para preparar a su nación para "formas exóticas de terrorismo", según declaró.

Microsoft se unió a iDefense en la prevención de posibles ataques teroristas vía internet. iDefense sería la encargada de otorgar certificados de seguridad anti hackers.