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El sistema «Echelon»

Un esquema de vigilancia planetaria

Philippe Rivière
Publicado en Le Monde Diplomatique, Julio-Agosto 1999

Con un presupuesto anual de 26.700 millones de dólares - tanto como durante la guerra fría -, los servicios de información norteamericanos son los mejor dotados del planeta. Las alianzas estratégicas y una tecnología poderosa les permiten espiar, de manera rutinaria, teléfonos, fax y correo electrónico en el mundo entero.

    Estados Unidos ¿es ya tan poderoso que no teme las reacciones de sus ”amigos” europeos’? Ha sido necesaria la obstinación de un investigador neocelandés, Nicky Hager, para desvelar la existencia de una enorme red de vigilancia planetaria, el sistema Echelon, en funcionamiento desde los aÑos 80... Una investigación (1) que revela, detalladamente, cómo la Agencia Americana de Seguridad (NSA), uno de los organismos norteamericanos más secretos, procede, desde hace casi veinte anos, a ”escuchar” discretamente todas las comunicaciones internacionales (2).

    Zbigniew Brzezinski, consejero de Seguridad Nacional bajo la presidencia de Carter, confiesa, no sin cinismo: ”Cuando uno dispone de la capacidad para contar con informaciones, es muy duro imponer barreras arbitrarias respecto a su adquisición (...)¿Tenemos que renunciar a leer? ”. (3)

    El embrión de la red de espionaje norteamericano data del inicio de la guerra fría, cuando un primer pacto de recogida y de intercambio de informaciones denominado Ukusa, se estableció entre Reino Unido y Estados Unidos. A estos dos Estados se unieron Canadá, Australia y Nueva Zelanda. A partir de los años 70, las estaciones de escucha implantadas en estos países empezaron a captar las señales retransmitidas hacia la Tierra por los satélites tipo Intelsat e Inmarsat. Y un centenar de satélites de observación ”escuchan” las ondas: radio, teléfonos móviles, etc.

    Por otra parte, afirma Duncan Campbell (4), todas las redes de comunicación son escuchadas: de los cables submarinos (con captadores instalados por submarinistas especializados) a la red Internet (la vigilancia de la red mundial es particularmente simple: la práctica totalidad de los datos transita por ”nudos” situados en territorio norteamericano, incluso cuando se trata de conexiones europeas. De esta forma, cada día millones de fax, de télex, de mensajes y llamadas telefónicas del mundo entero son cribados, escogidos, seleccionados, analizados. ”El sistema Echelon, explica Nicky Hager, fue concebido como forma de interconectar (todos los sistemas de escucha) para permitirles funcionar como componentes de un todo integrado ”. Las estaciones de recepción por satélite captan el conjunto de los haces de satélites Intelsat, la mas importante de las cuales esta localizada en Menwith Hill, Inglaterra, situada bajo el control directo de la NSA. La masa de informaciones recogida es, sin embargo, demasiado importante para poder ser explotada por los efectivos – abundantes, pero no infinitos – de los servicios de información. ”La clave de la interceptación, explica Nicky Hager, reposa en potentes ordenadores que escrutan y analizan estas masas de mensajes y extraen los que presentan algún interés. Las estaciones de interceptación reciben los millones de mensajes destinados a las estaciones terrestres legitimas y utilizan ordenadores para descubrir los que contienen direcciones o palabras claves preprogramadas ”. Direcciones y palabras que los servicios de información se comunican en forma de ”diccionarios” que reflejan sus preocupaciones del momento. Basta que, en el curso de un intercambio telefónico o por fax, o por correo electrónico, se emitan palabras como ”terrorismo”, ”droga”, ”guerrilla”, o nombres como ”Castro”, Gadafi”, Sadam Hussein”, etc., para que toda la comunicación sea identificada, retenida, analizada. Un poco a la manera de los motores de búsqueda en Internet, estas “grandes orejas”, provistas de los mejores sistemas automáticos de reconocimiento vocal, de lectura óptica y de evaluación de contenidos, seleccionan las comunicaciones a vigilar. Duncan Campbell precisa en cualquier caso que, si bien los ordenadores de la NSA están en condiciones de reconocer automáticamente los interlocutores de una conversación telefónica, no son capaces aun de retranscribir su contenido.

    Otros investigadores establecieron el escenario siguiente correspondiente en cualquier caso más a la realidad de finales de los 80 que a las actuales capacidades del sistema (5). Analistas de las diversas agencias examinan cada día la cosecha de la víspera, que llega marcada con las fechas y las cifras-clave: 5.5325, por ejemplo, representa las comunicaciones diplomáticas japonesas; 8.182, los intercambios relativos a las tecnologías de cifrado, etc. Los datos se transcriben, se descifran y se traducen en forma de informes detallados, de gists que dan lo esencial de una conversación o resúmenes que inscriben las informaciones en su contexto.

    El documento producido recibe un sello ”Morai” (secreto), ”Spoke” (más secreto que ”Moray”), ”Umbra” (alto secreto), ”Gamma” (interceptación de comunicaciones rusas) o ”Druid” (destinado a países que no son miembros de Ukusa). Un ultimo código (”Alpha” para el GCHQ británico, ”Echo” para el DSD australiano, ”India” para la agencia neozelandesa GCSB, ”Uniform” para el CSE canadiense y ”Oscar” para la NSA) indica a quien debe ser transmitido el mensaje a través de ”Platform ”, el sistema nervioso central de Ukusa.

    Este sistema difiere de las escuchas telefónicas clásicas por dos características especialmente preocupantes. La primera constituye un grave problema de soberanía nacional para los países pequeños de la alianza Ukusa: en los años 80, los neozelandeses creían que su país quedaba fuera de las informaciones de la NSA, a causa del rechazo del primer ministro laborista de la época, David Lange, a dejar entrar en las aguas territoriales neozelandesas un navío, el USS Buchanan, dotado de capacidades nucleares. Pero en realidad, lo que habían hecho los servicios neozelandeses era aumentar su colaboración con la NSA y acelerar el despliegue de Echelon. Paralelamente, la prensa neozelandesa ponía en marcha en aquellos días una formidable campaña de desinformación sobre el tema: “¿Qué haríamos sin las informaciones norteamericanas?”.

Vigilar las palabras-clave

    Además, el propio hecho de que Echelon permita intercambios de ”diccionarios” conduce a hacer de cada servicio de información, en su territorio, un agente de recogida de información destinada a los socios extranjeros. Pero la transmisión se hace... de manera automatizada y, a causa de la forma en que está programado el sistema, no permite a la parte neozelandesa conocer las palabras clave utilizadas por sus socios. Lo recíproco, esta claro, no es igual... Esto habría permitido, por ejemplo, a Estados Unidos utilizar las infraestructuras neozelandesas para espiar las comunicaciones de la asociación Greenpeace durante su campana de protesta contra las pruebas nucleares francesas en el atolón de Mururoa, en 1995, sin que los servicios – ni, a fortiori, el gobierno – de Wellington tuvieran conocimiento de ello. Otra originalidad en relación a las escuchas ”clásicas” es que las interceptaciones de comunicaciones se producen efectivamente a partir de ”palabras clave” y no colocando bajo vigilancia sistemática los números de teléfono, de fax o direcciones de Internet de personas concretas. Este aspecto técnico, muy prometedor en materia de informaciones, descarta cualquier posibilidad de definición a priori – por decisión judicial, militar o política – de la fuente de informaciones recogidas: cualquier persona es susceptible de ser escuchada en cuanto su conversación sea juzgada como ”interesante” por el programa Las derivas son inevitables. Un antiguo espía canadiense, Mike Frost, acusa a Margaret Thatcher de haber hecho ir a Londres, en febrero de 1983, a operadores canadienses para vigilar a dos de los ministros de su propio gobierno que – ingenuos – tramaban alguna traición política... a través de sus teléfonos móviles. Es una tentación utilizar un sistema tan secreto y poderoso para las informaciones generales y las operaciones de origen policial: en 1992, operadores de alto rango de los servicios secretos británicos, disgustados por algunas filtraciones, desvelaron que Amnistía Internacional, entre otras organizaciones no gubernamentales, había sido escuchada... a partir de palabras clave relativas al trafico de armas. Y, como ejemplo, mostraron a un periodista del Observer como procedían para interceptar las conversaciones relativas a la palabra clave ”ayuda al Tercer Mundo” (6). La elección de este periódico resultaba de lo mas indicada: los propietarios del Observer también habían estado sometidos a escuchas después de la publicación, en 1989, de una investigación sobre las actuaciones del hijo de Margaret Thatcher (7). Derivas aisladas? Como explica Steve Wright, investigador en la Fundación Omega, una organización británica de defensa de los derechos humanos, en el preinforme que remitió al Parlamento Europeo en enero de 1998, ”Echelon está principalmente dirigido contra objetivos no militares: gobiernos, organizaciones y empresas en, virtualmente, todos los países (..) Aunque muchas informaciones (recogidas por el sistema) conciernen a terroristas potenciales, se produce mucha inteligencia económica, especialmente una vigilancia intensiva de todos los países participantes en las negociaciones del GATT” (8).

    No se trata, por tanto, de desviaciones aisladas; los sistemas de escucha no se limitan a la vigilancia de actividades terroristas o mafiosas, sino que también forman parte de su objetivo central las informaciones económicas y las informaciones generales de orden político. Los incidentes que se han conocido, y que figuran en un informe remitido, a comienzos de noviembre de 1998, al Congreso norteamericano en el que un proyecto de sanción contra la ley de finanzas 2000, se orienta a obligar a la NSA a desvelar la forma en que funciona Echelon y a confirmar su compatibilidad con la Constitución... lo que, a la vista del siniestro balance de las escuchas ilegales practicadas en todo momento por la agencia norteamericana, parece altamente improbable.

Controlados todos los mensajes

    Ya en 1967 el Tribunal Supremo impuso la detención del proyecto ”Minarete” que suponía fichar a miles de organizaciones e individuos integrantes de ”listas bajo vigilancia” en las que figuraban ”disidentes” tales como Martin Luther King, Malcom X, Jane Fonda o Joan Baez. En 1975 fue el director de la NSA el que, ante el follón desencadenado en el Congreso, puso fin al proyecto ”Shamrock”, que con la complicidad de las principales compañías de telégrafos debía vigilar los mensajes telegráficos que entraran o salieran de Estados Unidos... En un informe remitido al Congreso en noviembre de 1998, el investigador Patrick Poole mostraba que las principales firmas que se beneficiaban del resultado del espionaje llevado a cabo por Echelon son las que fabrican el equipamiento de la propia red Echelon, particularmente Lockheed, Boeing, loral, TRW y Raytheon: ”Una relación incestuosa tan fuerte, asegura el informe, que las informaciones recibidas son utilizadas en ocasiones para expulsar a algunos fabricantes norteamericanos por parte de los más grandes contratistas de los sectores de la defensa y de la información, que, por otra parte, son con frecuencia la fuente de las mayores contribuciones financieras a los partidos que dominan la vida política norteamericana” (9). ”Las empresas europeas han realizado ya los gastos para Echelon, explicaba Alain Pompidou, presidente del Comité de evaluación de las opciones tecnológicas y científicas (STOA) del Parlamento Europeo. Pero, como comercian con Estados Unidos, se callan” (10). En descargo de estas empresas, se cita el hecho de que no exista ningún texto en el derecho internacional que reglamente las escuchas, y la dificultad de obtener informaciones fiables.

    La participación británica perturba a las instancias europeas que, a petición de Martin Bangemann, entonces comisario europeo encargado del comercio, esperaban contar con “pruebas sobre la existencia del sistema”, antes de arriesgarse a entorpecer las “buenas relaciones comerciales con Estados Unidos”. Si bien el Foreing Office nos certifica que “no existe ninguna incompatibilidad entre la posición de Reino Unido en la Unión Europea y su deber de garantizar la seguridad nacional”, los diputados europeos piden en cualquier caso que se instaure un “código de buena conducta” así como la realización de una encuesta suplementaria que les llevaría a interrogar... a la NSA.

    ¿Pruebas? A continuación de un reportaje difundido por la televisión australiana, Martin Brady, el director del DSD, puso término a más de cincuenta años de secreto oficial lastrado de palabras tabú: la agencia australiana “coopera efectivamente con sus homólogos extranjeros, las organizaciones de interceptación de las comunicaciones de los países integrantes del Pacto de Ukusa”, escribió al productor del programa.


(1)     Nicky Hager, Secret Power. New Zealand’s role in the international spy network, Craig Potton Publishing, Nelson, Nueva Zelanda, 1996. Al no encontrar editor en Estados Unidos, el libro ha sido distribuido por la revista Covert Action Quarterly, Washington DC.
(2)     Steve Wright, An Appraisal of Technologies of Political Control, Interim Study, STOA, Parlamento Europeo, 19 de enero de 1998.
(3)     Le Nouvel Observateur, 10-16 de diciembre de 1998.
(4)     Interception Capabilities 2000. Development of Surveillance Technology and Risk of abuse of Economic Information, STOA, Parlamento Europeo, abril de 1999.
(5)     Patrick S. Poole, “Echelon: America’s Secret Global Surveillance Network, the Privacy Papers, nº 4, noviembre de 1998, Free Congress Research and Education Foundation, Washington DC. http://www.freecongress.org/ctp/echelon.html
(6)     John Merritt, The Observer, Londres, 28 de junio de 1992, citado por Nicky Hager, op. cit.
(7)     Hugh O’Shaughnessy, The Observer, 28 de junio de 1992.
(8)     Steve Wright, op. cit.
(9)     Patrick S. Poole, op. cit.
(10)  Le Figaro, París, 19-20 de septiembre de 1998.